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viernes, 24 de febrero de 2012

Facebook para el artesonado.

La parroquia de san Bernabé ya dispone de facebook, una red social que permitirá dar a conocer por este cauce el "tesoro artístico y arquitéctonico" de los dos artesonados que conseva el templo. Esto acercará el conocimiento visual de los artesonados a aquellas personas que no hayan estado nunca en Lagunaseca, o al menos, a los que hayan estado y no lo hayan visitado. El sitio todavía está en construcción, pero ya se puede acceder. Poco a poco se irá completando. Es bueno que se den aportaciones, ideas, etc...

Dejo un link para facilitaros la búsqueda:
http://www.facebook.com/profile.php?id=100003535820252

Saludos a todos desde la Serranía Alta.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Las Ermitas

¿SON EREMITORIOS?

EL EREMITISMO EN LAS ÉPOCAS VISIGODA Y ALTOMEDIEVAL
A TRAVÉS DE LAS FUENTES LEONESAS (Isabel Corullón)

El eremitismo se desarrolló en la Península, a lo largo de los siglos IV y V, como forma básica del monacato primitivo, anterior a la aparición del cenobitismo. Pero éste no significó el fin del eremitismo, que en la época visigoda estaba muy arraigado en el Centro y el Norte peninsulares, en las áreas menos romanizadas, con una vida urbana muy pobre, en una sociedad que mantenía numerosos arcaísmos de origen indígena. Allí se desarrollaría como forma básica de monacato, desde el momento mismo de la cristianización, que se llevó a cabo tardíamente. Había un acentuado contraste de estas regiones respecto a las restantes, donde predominaría el monacato cenobítico, y la organización diocesana tenía una sólida implantación.

En la forma en que se desarrolló en la Península, el eremitismo, a pesar de lo que su nombre indica, representaría sólo un aislamiento parcial respecto a la sociedad. Los eremitas solían instalarse en la cercanía de aldeas o villas rústicas. Esto no les permitiría más que una soledad relativa, pero a la vez daba lugar al desempeño de funciones de otro carácter. En ocasiones se formaban grupos de dos o tres de estos monjes, fundados en el mutuo acuerdo o en la autoridad espiritual de uno de ellos, pudiéndose romper esta sociedad en cualquier momento.

En cuanto a la posición del eremitismo respecto al mundo exterior, hay que destacar primeramente su desvinculación con el orden material de la época, caracterizado por la expansión progresiva de las grandes propiedades, y la extensión de las relaciones de dependencia, pues el eremita vivía de limosnas y no se hallaba sometido a ningún dominio. En ésto se relacionaba con movimientos de protesta social, que se habían desarrollado en los últimos siglos del Imperio. El eremitismo representaba una interpretación drástica de los principios contenidos en el Evangelio, de lo cual se deribaba su componente rigorista y antijerárquico, frente al orden temporal de la Iglesia y al sólido aparato de gobierno, de estructura monárquica de que se había dotado, establecido a través de las relaciones de dependencia. Algo parecido cabe decir respecto a los monasterios, y al dominio y la jurisdicción abaciales.

El eremita, por su relación con los grupos de población rural, desarrollaba unas funciones que tendrían mucho que ver con la cura de almas. Su acción se llevaría a cabo en áreas poco controladas por la autoridad diocesana, y una de sus facetas sería la cristianización, a través de su establecimiento en antiguos santuarios paganos. En éstos y en otros casos, los eremitas servirían de puente entre el Cristianismo y un paganismo rural profundamente arraigado. En aquel ambiente, en el cual las manifestaciones ascéticas despertaban gran admiración y respeto, el anacoreta constituiría la autoridad religiosa a nivel local, de tipo carismático, con clara superioridad respecto a los presbíteros, y al margen de la organización diocesana. Los fieles de aquellas aldeas se acogerían a su autoridad espiritual, correspondiendo con limosnas, integradas normalmente por bienes inmuebles. Asi ocurrió con Valerio y Juan respecto a los fieles de Castro Pedroso. La naturaleza de estas funciones llevadas a cabo por los eremitas, cuando eran conocidas por el obispo, solían traer como consecuencia su ordenación presbiterial.

El hecho de que los eremitas desempeñaran sus funciones religiosas al margen de la jurisdicción episcopal o abacial correspondientes, teniendo plena libertad de movimientos, provocó la reacción de las autoridades eclesiásticas que, dada la transcendencia del fenómeno, acordaron drásticas medidas para combatirlo en el segundo cuarto del siglo VII. Se pretendió acabar con el eremitismo en sus peculiares características, aceptándolo sólo como una forma de vida ascética practicada bajo la jurisdicción de un abad. Pero el eco de estas disposiciones no debió ser importante.

Con el derrumbamiento de las estructuras de la Iglesia visigoda tras la invasión musulmana, en el Norte de la Península en los reinos cristianos que fueron surgiendo, la posición de las autoridades eclesiásticas respecto al eremitismo fue diferente, siendo esta una forma usual de vida monástica, que gozaba de gran prestigio. En esta época perduró el eremitismo propiamente dicho, a la vez que se aprecia el desarrollo del monacato de lauras, siendo éste el origen de muchos de los grandes monasterios medievales. Respecto al cambio de actitud de las autoridades eclesiásticas, hay que señalar que el eremitismo ya no era una forma de vida al margen de las estructuras económicas dominantes pues, como resultado del mayor desarrollo alcanzado por el feudalismo, que fue penetrando en las arcaicas estructuras sociales y económicas existentes en aquella sociedad, los eremitorios serian dotados con bienes inmuebles, a partir de diversas iniciativas.

Por una parte, los eremitorios se integrarían en las comunidades de aldea. Este sería el fin de un proceso ininterrumpido iniciado en la época visigoda, al participar los eremitas en los bienes inmuebles integrantes del patrimonio de la comunidad de aldea respectiva, por haber sido objeto de dotación sus oratorios por parte de aquellos fieles, que querían asi asegurarse sus servicios. De esta forma, los eremitorios se relacionarían con el fenómeno de las iglesias-monasterios propios. El proceso descrito se percibe en los documentos de los siglos X-XI, cuando las comunidades de aldea se estaban desintegrando, y sus eremitorios-iglesias propios eran absorbidos por los grandes monasterios.

En otras ocasiones, por influencia de los obispos, los eremitorios eran dotados con una serie de bienes inmuebles que los convertirían en el centro de un dominio feudal. En ambos casos se refleja la importancia que tenían los eremitorios en la organización eclesiástica, al igual que ocurría con el resto de los monasterios de aquella época. Esto sucedía a nivel de las comunidades cristianas de las aldeas, y también en un ámbito territorial más amplio. En este sentido hay que valorar la intervención de los obispos, siempre intentando fortalecer la base económica de los grandes núcleos eremíticos, para convertirlos en el eje de la organización eclesiástica de la zona, como ya vimos a través de Fruminio de León. Aquellos eremitorios pasaron a detentar el tus parroquial, incorporando a su dominio los eremitorios-iglesias propias de las aldeas, que de esta forma, aunque indirectamente, quedaban sometidas a la autoridad episcopal, ya que antes habrían funcionado en buena parte al margen de su influencia.











































































Fotos: En un radio de tres o cuatro kilométros existen alrededor de ocho de estos "refugios", utilizados en su mayoría como apriscos de ganado. Todos están excavados sobre piedra arenisca, y tanto en su interior como el exterior existen, grabadas sobre la piedra, diferentes tipos de "cruces", como se puede apreciar en las imágenes.










El artículo ha sido tomado de:  http://eldesvandemislibros.blogspot.com/2010/04/son-eremitorios.html

martes, 29 de noviembre de 2011

Optimismo por la restauración del órgano de la iglesia de la Asunción, en Cardenete (Cuenca)


Os dejo el enlace donde lo podréis leer mejor:

 http://www.cardenete.org/sitio/WebMunicipal/descargas/varios/Organo.pdf

Pocos quedan en la provincia. En perfecto funcionamiento, sólamente: dos en la catedral, uno en la colegiata de Belmonte y otro en la iglesia parroquial de Villar de Cañas, restaurado hace pocos años. En funcionamiento, pero sin afinar uno en Valsalobre, que sepamos. Y cajas de órgano, como el ejemplo de Cardenete, hay unas cuantas repartidas por la geogreafía conquense, algunas de ellas, desafortunadamente convertidas en espantosos retablos.

En Lagunaseca hubo uno, fue destrozado en la guerra del 36, está documentado y los que lo vieron lo recuerdan. Prácticamente en todas las iglesias había uno (más grande o más pequeño), pues en determinadas épocas era necesario para el culto y podía mantenerse, el instrumento y el organista. El de Valsalobre se estuvo tocando oficialmente hasta mediados de los años 70, es decir hasta que el organista, residente en Peñalén, se jubiló y nadie lo sustituyó.

Hay facilidades para restaurar estos instrumentos, sobre todo de los fondos de la Unión Europea. El problema es que se estropean de no usarse, como casi todo. Luego, ya no es tan costosa su restauración, cuanto su mantenimiento. En Villar de Cañas hay conciertos de órgano periódicamente (hasta hace poco dos mensuales), contratados por el ayuntamiento y la diputación provincial, la entrada es libre. Verdaderamente debe ser un lujo poder vivir en un pequeño pueblo y poder asistir de vez en cuando a un concierto de este tipo.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Hace más el que quiere, que el que puede...

Santa Flora en Mas de las Matas : vecinos restauradores

Santa Flora, Mas de las Matas
(pueblos-espana.org)

«Hemos estado cuatro años sin poder entrar, teníamos que celebrar misa debajo del coro, donde no había ningún peligro, o en la calle. Se decidió cambiar la cubierta, que pesaba sobre los arcos fajones, se levantó toda y se han arreglado las bóvedas por arriba y por abajo con fibra de vidrio, de forma que quedan muy resistentes». Es el resumen del trabajo que se ha llevado a cabo en la reconstrucción de la ermita de Santa Flora, en Mas de las Matas, pero no sale de boca del jefe de obra ni de ningún arquitecto, sino del párroco de la localidad, Alfonso Belenguer.
El mosen fue el principal impulsor de unas obras indispensables para recuperar en todo su esplendor la tradición de peregrinar hasta la ermita en el Mas. En los últimos años se realizaban las tradicionales romerías en fiestas y Semana Santa, pero las eucaristías debían celebrarse en la calle por el peligro que suponía entrar en el templo. «Era una pena, pero estaba prohibido porque era peligroso», recordó el párroco. No obstante, la devoción superó en muchas ocasiones a las prohibiciones y varias misas se oficiaron entre los andamios «¡Incluso una boda hemos celebrado aquí! Pero eso no se puede contar, que sino los arquitectos…», confesó.
El alcalde de Mas de las Matas, Pedro Pitarch,  no duda en atribuir gran parte del mérito de la reconstrucción al párroco ya que «Alfonso solo se ha valido para sacar adelante esta obra y vencer a todas las ideologías políticas». Sin embargo, el mosen se quita importancia: «Yo tenía detrás al pueblo. Confiaba  porque hay mucha devoción a Santa Flora. ‘Para santa Flora, lo que haga falta’, se dice aquí, y yo sabía que el pueblo iba a responder», reiteró Beñenguer.
Y razón no le falta. El pueblo cuenta con un grupo de trascientos vecinos, la asociación de Amigos de Santa Flora, que organiza actividades para recaudar fondos y promocionar la restauración. Han preparado cenas en la plaza del pueblo, rifas, generosos donativos, y ya piensan en celebrar otra cena para celebrar la finalización de las obras y seguir recaudando.
Pero los donativos superan incluso los límites de Mas de las Matas. Una vecina, en un alarde de ingenio, se dirigió a la marca Flora (la empresa de productos lácteos) diciéndoles que la suya era la única ermita en toda España con el nombre de su marca. «Tuvieron la delicadeza de venir al pueblo, ver la ermita y hacer un donativo muy importante», reconoció el alcalde. «Cuando no hay, el ingenio te hace pensar mucho», añadió.
Además, las instituciones públicas también han colaborado en una obra que cuenta con un presupuesto de 24.000 euros. Así, la Diputación Provincial dispuso 7.000 euros, el obispado otros 7.000, la obra social de una entidad bancaria 3.000 y la parroquia el resto, contando el donativo de Flora y lo recaudado por los vecinos.
Tal y como explicaba Belenguer, la obra ha consistido en cambiar la cubierta de madera del edificio, que estaba hundiendo las bóvedas, y sustituirla por una estructura metálica. Esto era lo indispensable. Además, se «coserán» las grietas que recorren las paredes, rellenándolas con fibras especiales, y se pintará el templo por dentro y por fuera. «Hay que dejar la ermita como una tacita de plata. Nos ha costado mucho», aseguró el párroco.
El afán por dejarlo todo perfecto también incluye los alrededores, donde párroco, alcalde y jefe de obra discuten sobre «quitar esa papelera que desentona» o poner «un cartel indicativo que pegue más con el entorno». 
«En un par de semanas terminan», aventuró el párroco, optimista. «Es fácil que sea algo más», añadía el jefe de obra, Fabián Solsona. «En un mes estaremos sin obras», concluyó el alcalde. Lo cierto es que la ermita y sus alrededores volverán a estar listos para que Santa Flora tenga un espacio acorde a la devoción de sus vecinos.

El trabajo de las gentes de un pueblo. Mojales (Sigüenza), Guadalajara.

Situación:
En la actualidad, viven de contínuo 9 habitantes
Ayuntamiento:
Depende del Ayuntamiento de Siguenza.
Monumentos:
Calzada Romana, Cueva del Beré, Castillo en ruinas. El pueblo se enclava debajo de una sierra denominada Sierra Ministra.
Fiestas:
El patrón es San Pascual día 17 de Mayo y se celebran las fiestas el 9 de Septiembre.
Turismo:
Hay una casa rural muy acogedora y un restaurante en el que se come muy bien.

Mojares, un pueblo que durante muchos años parecía abocado a desaparecer está volviendo en los últimos años a la vida. Situado en una ladera a unos 6 km. de Sigüenza, desde allí se pueden distinguir a lo lejos los pueblos de Alcuneza y de Cubillas. Mojares cobra vida de nuevo con el regreso de algunos antiguos vecinos ya jubilados, la llegada de otros nuevos y el impulso de nuevas iniciativas, como una casa rural y un hostal-restaurante.
Este verano los vecinos han arreglado la iglesia trabajando de manera altruista. La actual iglesia se construyó en 1928, anteriormente había otra, junto al cementerio, que se derrumbó con el tiempo. Además del arreglo de la iglesia se ha adecentado el firme del pueblo, se han puesto bancos y se ha recuperado el horno antiguo. Este local se ha habilitado para hacer las comidas comunales y hay una pequeña barra para tomar el vermouth.
 
La iglesia de Guijosa recién restaurada.
Esto nos lo explica Abel Peregrina, alcalde recientemente nombrado, al tiempo que, junto a su esposa Paquita, nos abre la puerta de la iglesia. “Se ha reformado con la colaboración de todos los vecinos y con pocos posibles, trabajando todos”. Nos habla del pasado del pueblo: “En mi época, en los años 50, iban hasta 20 chicos a la escuela de Mojares”. Hace 50 años Mojares se despobló casi por competo, “las personas mayores se fueron y no había trabajo ni aquí ni en Sigüenza por lo que tuvimos que emigrar. Yo me quedé aquí hasta hacer la mili, luego ya no volví, trabajaba en la huerta del obispo, en la vía de tren, en donde podía”. Prácticamente el pueblo se quedó vacio.
Nos habla sobre sus motivos para la vuelta al pueblo: “Yo trabajaba en Madrid como taxista y al jubilarme, he decidido volver aquí. Abel y su mujer llevan ya dos años viviendo aquí, van a Madrid y vuelven por la tarde, aunque “en invierno a veces hay días malos y la mujer no quiere venir y nos quedamos en Madrid”.
Hay otros que viven en Sigüenza pero vienen aquí los fines de semana a ocuparse de los huertos. Uno de ellos es  Félix, el “Moli” para los amigos, antiguo molinero y carpintero de profesión tiene en Mojares un huerto familiar en el que trabaja él, ya jubilado, y su hija. Con él nos acercamos al pueblo y quien nos presenta a sus actuales habitantes. Su relación con Mojares viene de su mujer que es del pueblo, él nació en Molina de Aragón y se crió en Taravilla. Félix se ha encargado de los trabajos relacionados con la madera en la rehabilitación de la iglesia y del antiguo horno.
Otros de los habitantes de Mojares son Miguel y Julia. Residían hasta hace dos años en Barcelona y al jubilarse decidieron asentaron en el pueblo. Preguntamos a Julia sobre el cambio y nos habla del atractivo de la vida en contacto con la naturaleza. “Pueden verse corzos junto al pueblo y durante el invierno nos visitaba regularmente un zorro al que dábamos comida”. 

                                                elafilador.net/2007/10/mojares_vuelve_vida